Como una fina niebla, la sútil transparencia cubre el sexo. Cuando se presiente el cálido momento el encaje es apartado delicadamente para dejar paso, tras de si, a una vulva que aparece resplandeciente. Un sexo que asoma expectante e ilusionado. Un coñito rasurado de piel sedosa que solicita calladamente los mimos y la pasión.
