Lucia un abrigo de paño marrón oscuro abotonado hasta un palmo por encima de las rodillas, que era partir de donde se podía ver, debajo, el paño gris oscuro con rayas gris claro de una falda de tubo, complementada con una camisa blanca, cuyo cuello asomaba debajo del abrigo. Sobre unos zapatos de medio tacón, color marrón llevaba media hora apoyada en la barandilla de la zona de espera de la Estación de Santa Justa, mirando a las vías de llegada del Ave.
Cuando por la megafonía escuchó el aviso de llegada del Ave procedente de Madrid de las 5 de la tarde, cuya entrada se produciría por la vía 3, su corazón dio un brinco y sintió un vació en la boca del estomago, al tiempo que una manada de mariposas recorrían todo su cuerpo.
Sus sentimientos eran contradictorios, por un lado miraba ansiosa la escalera mecánica intentando descubrir su rostro en medio de la multitud de viajeros,
y de otra parte se preguntaba porque no salía corriendo, ahora que aún estaba a tiempo.
Todas esas contradicciones desaparecieron cuando divisó en la entrada de la escalera mecánica su cabello gris en aquella cabeza que se alzaba mirando hacia arriba, buscando a alguien en la zona de espera. Vestía una gabardina beige y en su mano llevaba un maletín de viaje, de esos que se adivina llevan el ordenador en un comportamiento adosado a tal fin. Y en otro compartimento unas camisas y sus correspondientes corbatas, así como los normales útiles de aseo.
No la veo, quizás no haya venido. Quizás tenga más sentido común que yo
El estaba también en esos pensamientos, mientras notaba el pulso acelerado de su corazón, cuando al salir de la escalera mecánica notó que alguien le estiraba de la manga del abrigo, al volverse hacia la dirección de donde venia el estirón descubrió
el rostro de ella, con una sonrisa nerviosa, como diciendo “hola, estoy aquí aunque no debiera” y una mirada suplicante que gritaba en silencio “ dime algo enseguida, abrázame o bésame, para que no me sienta ridícula y salga corriendo” .
- Hola
- ¡Hola!, subía mirando pero no te había visto – se justificó al tiempo que alargaba los brazos en aptitud de abrazarla suavemente, precisamente el gesto que ella deseaba sentir y que él también necesitaba.
- Estaba aquí – lo dijo como una afirmación, más que como indicando una ubicación y mirándolo directamente a los ojos
El se inclinó hacia ella para darle un beso, lo hizo despacio de forma consciente para tener tiempo de saber si debía dárselo en la mejilla o en los labios. Ella puso una mejilla y luego la otra. A continuación lo cogió del brazo y ambos se dirigieron a la salida de la estación.
- Tenía miedo que no hubieras venido – le dijo él
- Y yo sentía angustia de haber venido. Pero ahora que estas aquí ya estoy bien.
Aquella confesión provocó en Pelayo una hola de ternura y, dejando el maletín en el suelo, la abrazó y la besó en la boca. Ella alzo sus brazos hasta el cuello de él, enlazándolos por detrás de la nuca. Estaban en medio del vestíbulo de la estación, pero poco les importaba la gente que pasaba a su lado, ellos se sentían solos en medio de un cielo que solo les pertenecía a los dos, unidos en aquel beso.
A partir de ese momento todo temor o duda desapareció del corazón de ambos.
- ¿Vamos al hotel? – pregunto ella mientras reanudaban la marcha hacia la parada de taxis.
- Si,¿ tu ya te has registrado?
- Si, yo terminé a las tres. Estoy en la planta 5
- Bueno veamos que habitación me dan a mi…y nos vamos a la que sea más bonita, ¿no?
- Todas serán bonitas hoy – respondió ella asiéndose al brazo de él con las dos manos y reclinando la cabeza en su hombro.
- Eso es verdad, que me importa la habitación si esta en ella mi Musa – sus labios se rozaron, mientras sus ojos se encontraron en una mirada de tierna complicidad. Si no fuese porque ambos habían renunciado a ello, diríase que eran ojos de enamorados.
Empezaba a oscurecer, faltaban tres días para Nochebuena y la iluminación navideña le daba una nueva dimensión al ya color especial de las calles de Sevilla.
El corto trayecto de la Estación hasta el Meliá Lebreros, transcurrió en silencio entre ambos, sentados en el asiento trasero del taxi, pero con sus manos entrelazadas con fuerza. Si fuese posible medir la intensidad de aquel contacto, descubriríamos cuantos sentimientos hermosos se pueden transmitir en un contacto de dos manos entrelazadas.
Cuando entraron a la suite que le asignaron en la planta Real, la Musa quedo asombrada
- ¿Tu Empresa te paga una suite con jacuzzi? – le dijo mientras asomaba la cabeza al espacioso cuarto de baño- debes de ser alguien muy importante…
- Noo – dijo al tiempo que soltaba una carcajada- como tengo tarjeta de cliente vip cuando tienen habitaciones vacías me dan un up grate como cortesía. Y me alegro que hoy haya sido una de esas ocasiones.
- Está claro, ¡ no quedamos en la tuya! – la mía es de una currante normal, sonrió.
El le ayudó a quitarse el abrigo, abrió el armario y lo colgó en una percha, como ya había hecho con su gabardina y su chaqueta. Se quedaron el uno frente al otro, con las ropas que llevaban parecían más dos ejecutivos a punto de empezar una negociación que dos amantes ante el inicio de una tarde noche de pasión. Ella con la falda de tubo gris tipo diplomático y la blusa blanca, El con camisa y corbata, pantalones de traje gris también e impolutos zapatos negros a juego con el cinturón.
- Gracias, nunca nadie me había quitado y colgado el abrigo.
- De nada, ahí estará mejor que tirado encima de una silla, ¿no crees?
- No piensas…quitarte la corbata – le dijo ella con voz suave mientras se acercaba
a él, y alargando las manos empezaba a deshacerle el nudo de la corbata.
- Esperaba precisamente que lo hicieras tú.
- Te gustan las geishas – sonrío
- Umm… me chiflan, sobre todo si no me llevan la contraria y son obedientes.
Ambos se rieron al tiempo que, ya despojado de la corbata y desabrochado el botón del cuello de su camisa, la atrajo hacia sí en un suave pero firme abrazo. La beso primero en una mejilla, luego en la otra y finalmente poso sus labios en los de ella, quien alzó los brazos y los pasó por encima de sus hombros, cogiendo su nuca con ambas manos, atrayendo su cabeza hacia el beso que acaban de iniciar, cuando en ese instante ella había abierto la boca buscando la lengua de él. Fue un largo beso, acompañado de las caricias que las manos de Pelayo le prodigaban moviéndose desde su espalda hasta sus nalgas. Mientras ella asía su nuca y la acariciaba jugueteando con sus dedos entre los cabellos de él, rozándole el cuero cabelludo con sus largas y pintadas uñas.
Entre besos y abrazos, se fueron desabrochando uno al otro los botones, de la camisa de él y de la blusa de ella. Al despojarlo de la camisa, ella empezó un lento recorrido con los labios, besándole el pecho, mientras él intentaba acariciarle los pechos aun dentro de un precioso sujetador blanco, con tejido de seda y discreto encaje, sus pezones se marcaban ya duros, cuando él los acariciaba con mucho cuidado con su dedo pulgar, mientras los otros moldeaban los pechos alrededor de la palma de su mano.
Cuando volvieron a fundirse en un abrazo y un beso, él bajo las manos intentando subirle la falda, pero le resultada difícil.
- Espera…me la vas a romper….es estrecha y no se puede subir – le dijo ella, llevándose las dos manos al lateral derecho de su falda para bajarse la cremallera y dejarla caer a sus pies.
El aprovecho el movimiento para bajar besándola por los pecho, el vientre, sobre las blancas braguitas a juego con los sujetadores, al tiempo que recogía la falda del suelo y la depositaba sobre un sofá que había al lado. Seguía besándola, ahora en los muslos, lo hacia con pasión al descubrir que llevaba medias y no pantys.
- Estas …preciosa …con …este…. conjunto…y estas medias …-mientras le decía esto, intercalaba cada palabra con un roce de los labios sobre la erizada piel de ella, que seguía acariciándole el cabello con ambas manos, no podía hacer otra cosa, en realidad
- Pensé que las medias serian más sugerentes que los pantys.
- Espero que el que inventó los pantys haya ido al infierno por cargarse el atractivo sensual de las mujeres vestidas con esa horrible prenda – bromeó mientras se incorporaba haciendo el camino inverso con sus labios.
Aquellos suaves besos hacían que la piel de ella se erizara a cada contacto y la electricidad se concentraba en sus pezones que empezaban a dolerle de la dureza que experimentaba, Cuando él se incorporo por completo, se abrazo a él, necesitaba sentir el roce de su piel, lo que se produjo principalmente en la zona del vientre de ambos
- Tengo dos malas noticias – le susurro al oído, mientras lo besaba en el cuello
- ¿Malas noticias, que ocurre? – se separo de ella mirándola a los ojos y con cara de preocupación.
- No, No, tranquilo no es nada importante – lo tranquilizó depositando un beso en los labios y acariciando su cara entre las palmas de sus manos.
- Nada grave, tranquilo. Solo…..quería decirte que……lo he pensando mucho, estaba ansiosa por volver a verte, quiero transgredir todas las normas contigo, descubrir esos cielos de placer que tu dices solo se pueden alcanzar en el paraíso de los amantes, pero……creo que aún no estoy preparada para la penetración, sin que luego me sienta culpable, aunque lo deseo con todo mi alma.
- No te preocupes, no es necesario. Tampoco lo hicimos así cuando nos conocimos y fue maravilloso, ¿no?
- Si lo fue, como lo está siendo ahora mismo.
- Pues no te preocupes, no tienes que hacer nunca nada que no quieras o no estés segura.
- Pero es que si quiero, pero se que luego me sentiré mal, y también me siento mal por no ofrecerme a ti, bueno…es un lío. Solo quiero que sepas que si en algún momento deseas hacerlo, yo te recibiré encantada.
- Lo haremos cuando tu estés preparada – la tranquilizaba mientras no dejaba de darle tiernos besos y acariciarle el sexo por encima de las braguitas.
- Y..¿cuál es la segunda mala noticia?
- Que estoy en el periodo de descanso de la píldora…..que si me penetras deberemos tener cuidado, o ………usar preservativo, aunque yo no tengo.
- Relájate por favor….no necesitamos preservativos, no habrá penetración y mañana te sentirás bien y alegre, porque sino….el que estaría triste seria yo.
- Eres un encanto, ¿dónde estabas cuando yo desperté a la vida amorosa? – le hizo la pregunta con sincera y adolescente ingenuidad, mientras le desabrochaba el cinturón y los pantalones.
- Creo que entonces ya era mayor para ti – le dijo sonriendo.
- No seas bobo, tú no eres mayor..
- Veremos si mañana me dices lo mismo – bromeo de nuevo
El se deshizo de los pantalones y los calcetines, pero se dejó puesto el slip negro. Ella hizo intención de quitarse los sujetadores pero él no le dejó.
- No te los quites, estás preciosa con ese conjunto. Yo te lo quitaré cuando sea el
momento.
Seguían abrazados, besándose y acariciándose de pié en frente de la gran cama de Kind Size presidida por un inmenso espejo a modo de espejo, con un medallón de yeso, imitando el mármol, en el centro.
Ella bajó su mano hacia la entrepierna de él y empezó a masajear suavemente su sexo
por encima del calzoncillo, mientras él seguía besándole el cuello y los pechos con el
sujetador incluido, mordisqueaba su pezones arrancándole ahogados gemidos.
Ella siguió con su masaje, mientras abría las piernas para facilitar la caricia que él iniciaba ahora sobre su sexo que empezaba a estar hinchado y a humedecer la braguita.
Cuando notó que el miembro de Pelayo estaba duro y en su máxima medida, introdujo su mano por debajo del calzoncillo rozando su vientre. Al sentir el calor de su mano rozando su piel, él abrió también las piernas, al tiempo que notó como unas gotas de líquido pre seminal fluían fuera, en el momento en que la mano de ella lo alcanzaba y empezaba a masajearlo de nuevo, usando aquella humedad como lubricante. No pudo evitar el lanzar también un gemido.
- Me gusta…- le dijo él con voz entrecortada.
- Y a mi….ummm….me encanta sentirla así mojada y dura en mi mano. Y tu mano entre mis piernas – le decía esto al tiempo que arqueaba más las piernas.
Ella tomó la iniciativa y fue moviéndose hacia la cama, dejándose caer despacio, arrastrándole a él a caer encima suyo y entre sus piernas, los sexos de ambos coincidían excitados, húmedo el de ella y duro y húmedo el de él, quien se apoyo en sus codos para evitar la presión de su peso sobre el pecho de ella.
Cada uno sentía en su sexo el calor del otro, aunque los separaba el slip y la braguita. Pelayo empezó a hacer movimientos de pelvis como si la estuviese penetrando, ella sentía el placer de ese rozamiento en su vulva y especialmente en el clítoris. Esa maniobra lenta pero provocadora acabó de disparar todas las terminaciones nerviosas de sus cuerpos. Se besaban en la boca, con el afán de quien quiere absorber toda la pasión en décimas de segundo.
En aquel roce y con la excitación, Pelayo notó mucha humedad en su capullo y un placer que amenazaba con estallar precisamente detrás de esa humedad. Por ello se retiró de encima del cuerpo de ella, estirándose de costado a su lado derecho. Le paso el brazo izquierdo por debajo de su cuello y con la mano derecha, intentando darse un respiro, le aparto el cabello de la cara y la frente, en suaves caricias, al tiempo que bajaba besándola por el cuello hasta encontrarse con sus pechos, cuyos pezones erectos amenazaban puntiagudos perforar la suave tela de los sujetadores.
Desplazó despacio su mano desde la cara hasta los pechos, masajeo el izquierdo por encima del sujetador, mientras sus labios mordisqueaban la tela que cubría el pezón derecho. Ella respiraba profundamente al tiempo que levantaba su pecho, en una clara invitación ofreciéndoselos. Con la mano libre, él los sacó del sujetador, ambos quedaron aun mas turgentes y los pezones se agrandaron de nuevo bajo la presión del sujetador por debajo de ellos.
Ufff….¿porque va tan lento?….me va a matar de excitación….que me los chupe ya…o que baje su boca entre mis piernas…no aguanto más…..
El era consciente de la excitación de ella, que acababa de alargar su mano y coger su miembro de nuevo por fuera del slip, masajeándolo frenéticamente. Para evitar el efecto que ello podía producirle, el arqueo su cuerpo bajando hacia atrás para con su boca alcanzar el pecho del lado opuesto. Ella no pudo seguir con el masaje.
Se introdujo todo el pecho que sobresalía del sujetador en su boca, succionándolo suavemente y acariciándolo en suaves movimientos circulares con su lengua que no solo rozaban el pecho sino también el pezón, mientras con su mano lo aguantaba ofreciéndoselo él mismo para mamarlo de aquella forma.
Cuando notó que la excitación de ella iba en aumento, su cuerpo se estremecía y sus gemidos eran audibles en toda la habitación, cambio de pecho e inicio de nuevo la practica. Al mismo tiempo metió la mano por debajo de su espalda, ella le facilitó la maniobra arqueándola. Le desabrocho el sujetador utilizando el dedo índice y el pulgar. Sorprendentemente lo consiguió al primer intento. Los pechos saltaron libres y quedaron en su natural forma de reposo, eran preciosos, ni grandes ni pequeños, con una suave aureola marrón claro y unos pezones proporcionados y más oscuros que la aureola, seguramente debido a la dureza que la concentración del riego sanguíneo les había provocado, debido a la excitación.
Nunca había sentido tanto placer con los pezones…..! que bueno!….me gusta….siento que puedo correrme si me los sigue chupando….¡y me ha desabrochado el sujetador en el primer intento…!
Siguió chupándole el pecho derecho, repitiendo los movimientos, introduciéndose todo el pecho que podía en la boca, removiendo la lengua alrededor de esa porción y chupando el pezón, al tiempo que iba dejando salir la porción de pecho de su boca hasta que el pezón quedada entre sus labios, en ese momento lo aprisionaba y lo estiraba suavemente; era en ese momento cuando los gemidos de ella eran más expresivos.
Sin dejar de alternar uno y otro pecho, desplazó, despacio, su mano acariciándole el vientre hasta llegar al monte de Venus e introducir sus dedos bajo la braga hasta juguetear con su bello púbico. En ese momento ella, con las piernas dobladas por la rodilla, apoyándose sobre la cama con la espalda y los pies levanto la pelvis con las piernas totalmente separadas, ofreciéndole su entrepierna y esperando ansiosa sentir su mano debajo de su braguita.
Por fin……hazme acabar… ¡ya!….¡quítame las bragas! ´
Le hubiese gustado gritarle sus pensamientos pero se limitaba a disfrutar y gemir, esperando que sus movimientos y sus gemidos fuesen suficientes para indicarle el camino que deseaba.
Efectivamente, Pelayo comprendía aquel lenguaje del cuerpo pero no estaba en sus planes en llevarla al típico orgasmo que la calmara, quería llevarla no al orgasmo sino al éxtasis.
Dejó de chupar los pechos y buscó su boca, que lo recibió hambrienta de intercambio y de sentirse uno solo, mientras su mano se deslizo por encima de la braquita, le encantaba sentir el calor y la humedad de ella a través de aquella suave tela, pasó suavemente por encima de su sexo, ese suave roce provocó un nuevo y más intenso gemido, al tiempo que ella levantó más su trasero buscando la resistencia de la mano para sentir mejor el contacto. El no se detuvo allí, sino que pasó la palma de su mano a acariciarle los muslos justo donde terminan, al tiempo que el lateral de la mano rozaba de forma intermitente los labios hinchados del coño. Con esa caricia conseguía mantenerla excitada pero alargaba el tiempo hasta el orgasmo, quería hacerla vivir el placer, no solo sentirlo durante un momento.
Ahora ya no se besaban, solo se miraban a los ojos, el la miraba extasiado y feliz viendo su mirada de complicidad en el placer que le estaba procurando.
Paso su mano encima de su coño, abarcando desde el monte Venus, donde reposaba su muñeca, hasta el esfínter donde tocaban sus dedos, su clítoris y los labios del coño quedaban debajo de la palma de la mano. Con la mano así sujeta sobre ella, le practicaba suaves e intermitentes presiones, cada una de ellas iba acompañada por una respuesta de ella moviendo su cintura hacia arriba, al tiempo que sus ojos se abrían más y cada contacto iba acompañado de una bocanada de aire como pez fuera del agua, como balanceando el placer que cada presión le provocaba en todo el coño. Desearía que las presiones fueran más seguidas, pero no quería pedirle nada, solo disfrutar de los ritmos que él iba marcando.
Con su mano volvía a acariciar la polla de Pelayo, con tal frenesí descontrolado que incluso le hacia daño.
- Tranquila….más despacio…me haces daño – se vio obligado a susurrarle mientras le daba besos en las mejillas cerca de los oídos.
- Por favor….no puedo más….haz que me corra – respondió de forma entrecortada entre cada bocanada de placer que disfrutaba.
- Tranquila….todavía no…. – Le hablaba con voz cálida y tranquilizadora, mirándola a los ojos y sujetando su cuerpo con el brazo y la mano que tenia debajo de ella, que por cierto empezaba a dormírsele de estar aprisionado entre el cuerpo de ella y la cama..
- No puedo más……me estas volviendo loca….
Pelayo sacó el brazo de debajo de su espalda y se deslizo en la cama, de forma rápida y sin dejarla de besar desde los pechos a la entrepierna. Colocó un cojín en el suelo y se arrodilló sobre él.
Empezó a deslizar sus labios por el interior de los muslos, primero de un lado y luego del otro, volvió a aumentar la necesidad en ella que nuevamente alzaba sus caderas, con las piernas flexionadas por la rodilla y apoyados los pies sobre la cama, hasta que por fin el posó los labios sobre sus braguitas y notó el olor a humedad y excitación de su coño, recorrió de abajo arriba el mismo con la punta de la lengua presionando sobre la delicada tela. Eso volvió a provocar un nuevo gutural gemido de ella que no pudo resistir la electrizante carga que recibió todo su cuerpo y empezó a moverse arriba y abajo como si estuviese penetrada y fuese ella quién llevaba el ritmo.
Muy despacio, le apartó la braga hacia un lado, no se las quitó porque aquella visión de ella tan caliente y ansiosa con las bragas puestas lo excitaba de una forma especial, aplicó su boca sobre el coño, pasando la lengua plana de abajo arriba para detenerse encima del clítoris y succionarlo suavemente, cuando bajaba contraía su lengua e intentaba introducirla dentro, rozando eses cortos milímetros de la entrada, donde es mayor el placer de la penetración. Repitió esa operación varias veces hasta que en una de las penetraciones notó como el cuerpo de ella sufría un espasmo tremendo, un grito de placer salía de su garganta, su culo se levantó, al tiempo que arqueaba su espalda, para volver a caer sobre la cama, convulsionándose y apretando la cabeza de Pelayo entre sus piernas que intentaban cerrarse.
Pelayo siguió acariciando su coño muy despacio, a intervalos, con su lengua para prorrogar aquel placer el máximo tiempo posible.
Cuando la notó más relajada, introdujo, muy despacio, uno de sus dedos lubricado en los jugos del orgasmo anterior, se incorporó y se tendió de nuevo en la cama junto a ella, volvió a cogerla por detrás de los hombros con la mano izquierda. Ella tenia los ojos cerrados, el se los besó al mismo tiempo que movía su dedo muy despacio dentro de su coño. Le beso en los ojos, las mejillas, la punta de la nariz, los labios, volvió a succionar sus pezones, muy despacio, con mucha suavidad, hasta que notó como los músculos de su sexo volvían a contraerse. Introdujo un dedo más y empezó un movimiento rápido y circular, los dedos estaban doblados hacia el monte de Venus, tocando una zona de puntitos, cuando tocaba esa zona bajaba el ritmo, lo hacia muy suavemente utilizando la yema de los dedos, hasta que los músculos se contrajeron de nuevo con tal fuerza que le resulto difícil mantener los dedos dentro, había conseguido que se corriera de nuevo.
Esta vez no aflojo el movimiento, siguió con el mismo ritmo y un tercer orgasmo la hizo alzar de nuevo todo su cuerpo de la cama, cerrar las piernas y tener varios espasmos, a la vez que cerraba las piernas y caía de lado sobre las sabanas encogiendo las piernas a posición fetal. En eso momento el tuvo que retirar la mano de entre sus piernas porque las cerraba con tal fuerza que le hacia daño.
- Ya…ya….no puedo más – le dijo con voz entrecortada, faltándole el aliento
No podía pensar, solo sentía la necesidad de acurrucarse para recuperarse de aquel placer tan intenso que nunca antes había sentido.
El la abrazo contra su pecho con ambos brazos, diciéndole al oído cálidas palabras y besándola en los hombros y los brazos, hasta que ella se recuperó.
Uff…nunca pensé que fuese capaz de darme tanto placer sin penetrarme…!lo adoro¡
Necesito recuperar el aliento y darle placer a él.
Pelayo se dio cuenta que en los últimos minutos se había concentrado tanto en darle placer a ella, se había sentido tan pleno de verla disfrutar de aquella manera que se había olvidad de él mismo y su miembro había perdido totalmente la erección. No le importaba, se sentía feliz….Entonces recordó que con la emoción del encuentro había olvidado lavarse su sexo, y debía hacerlo por si ella decidiera hacerle sexo oral, la cubrió con la sabana y se fue al lavabo y se lavó en el bidet.
Cuando volvió a la cama, se acostó a su lado, ahora ya sin el slip, la volvió a abrazar. Ella ya se había recuperado y llevó su mano al miembro de él que estaba flácido.
- ¿Y esto?….¿Te has corrido…sin mí?
- No, pero no te preocupes. Estoy bien, tu placer me ha hecho dichoso….Además me acabo de lavar y el agua estaba fresca….- se sonrío.
- Ni hablar…..yo también quiero sentir como te llevo al cielo que tu me has mostrado…ese debe ser el cielo de los amantes que describes en tus relatos…
El estaba realmente cansado, así que se relajó y le dejó hacer. Ella bajó besándolo desde el pecho hasta su entrepierna, con cierta rapidez.
Se nota que ahora ella ya no esta caliente…quiere darme placer …… pero lo más rápido posible…. Es lógico, cuando no se esta caliente es más difícil alargar los preliminares. Me relajaré y le dejaré hacer..
Ella le masajeo su miembro medio flácido con rapidez, lo que en ciertos momentos resultaba un poco doloroso, mientras le besaba y chupaba los testículos, lo cual si le producía una placentera sensación, sobre todo cuando ella pasaba las yemas de los dedos sobre ese corto espacio entre los testículos y el esfínter. El no sentía mucho placer pero hizo movimientos con su cuerpo simulando que la mano que lo pajeaba era el coño, para demostrarle que le estaba gustando, no quería que ella sintiera decepción.
Finalmente, ella alcanzó la punta y con los labios empezó a mordisquear el glande hasta que por si solo, al crecer, se introdujo en su boca.
Ella notó como iba creciendo dentro, eso le produjo tal sensación de satisfacción, su boca era capaz de endurecer aquella polla, que se excitó de nuevo lo suficiente para sentir el placer de darle gusto a él. Lo hizo de forma exquisita, lentamente, recreándose en cada movimiento de su lengua. Con una mano acariciaba suavemente sus testículos y con la otra sujetaba la polla mientras le procuraba placer dentro de su boca moviendo la lengua alrededor de su capullo, de forma similar como él le había hecho en los pezones, y practicándole intermitentes succiones, acompañadas de simultaneas presiones de la mano que acariciaba los testículos, que hacían que Pelayo gimiera, ahora de verdad.
Ella se recreo durante un buen rato en esas caricias.
Uff… me encanta como me la esta chupando…..me falta poco….tendré que avisarla…aunque….me gustaría…..
- Cuidado…..me falta poco….
El esperaba que ella se retirará y siguiera con la mano, pero bien al contrario ella se la introdujo más. Pelayo notó como la punta tocaba el fondo de la boca de ella, mientras con las manos le seguía acariciando, una el vientre y la otra la zona entre los testículos y el esfínter, con suaves presiones. No pudo aguantar el placer.
- ¡ Me corro! – le dijo con voz alarmada, al darse cuenta que lo iba a hacer en su boca.
Ella, aceleró el ritmo y no cesó hasta que él se la retiró, ya flácida otra vez, de la boca. Su semen estaba encima de su vientre y de la sabana, ella lo había ido expulsando.
Pelayo no olvidaría nunca el placer que le había dado. Agradecido, la asió con ambas manos por la cara, con mucha delicadeza, y la atrajo encima suyo hasta que sus ojos se encontraron mirándose con ternura y sus bocas se unieron en un tierno beso. No hubo palabras, los ojos lo decían todo: Ambos estaban pletóricos.
Así abrazados, sintiendo el calor de sus cuerpos húmedos por el calor y los fluidos de sexo, permanecieron hasta que decidieron ir a aprovechar el jacuzzi antes de salir a cenar.
Don Pelayo
(Continuará….)