Mis labios esperan tu lengua, tus dedos o tu polla. Mis labios vaginales te desean y anhelan el momento en que lo acaricies…. el momento en que lo abras para penetrarme.
Una buena polla como a mi me gusta, grande y rasurada. ¿me cabrá toda dentro? Me gusta frotármela contra mi clítoris y metérmela hasta el fondo cuando mi coño está ya bien mojado.
Me suelo relajar así después de tanta dilatación. Un cálido baño de espuma me deja la piel suave, tersa y el cuerpo preparado para tener otra buena sesión de sexo o para irme a dormir si estoy muy cansada.
Cuando no tengo una buena polla o unos dedos expertos que me hagan disfrutar, tengo que echar mano a mis bolas chinas. Disfruto metiéndomelas dentro y sacándolas una a una… muy despacito.
Un cálido día de verano, sol achicharrante… y de pronto estalla la tormenta. ¡Que placer sentir la lluvia cayendo sobre mí! Empapándome y refrescando mi cuerpo lleno de deseo.
¿Tú que elegirias? Para mí la respuesta es obvia. Las muñecas hace tiempo que las dejé guardadas en el baúl de los juguetes. Ahora prefiero sentir el cálido tacto de la piel de un hombre o de una mujer.
Me pongo nerviosa y excitada cada vez que tengo revisión ginecológica. Desvestirse, ponerse una de esas batas abierta por atrás, exploración mamaria, los dedos abriendo mis labios vaginales, o peor aún, el frío contacto de los artilugios que usa para ver bien su interior.